martes, 3 de febrero de 2009

LA CIUDAD IDEAL

Platón (427-347 a.C.) Propuso en La República,
una ciudad-estado gobernada por los más
dignos y justos: los filósofos

La esfera sagrada de lo ideal aún consigue abrigarse lugar para todas las ciudades posibles


Una ciudad bien construida dignifica la vida social del hombre. En esa ciudad planificada, el vivir en el recinto de lo urbano y el buen obrar persiguen en conjunción: la consecusión de la plenitud anhelada por las mentes idealistas. En la Antiguedad Griega Clásica, Aristóteles, el filósofo Estagirita afirmaría: "vivir bien es vivir practicando la virtud"1 Desde esta concepción trascendente, el habitar la ciudad como facultad enteramente humana y humanista, se entrelaza con la práctica de la virtud en el marco de la ciudad-estado griega o polis. Idea que hallamos muy bien esgrimida en el texto de La República de Platón y en el cual hallamos esta ligazón necesaria entre el regimiento de la ciudad-estado por hombres capaces y cultos, portadores de una dignidad y justicia propia de los reyes. De tal forma, que esta esfera urbana sería dirigida por una especie de raza superior: los filósofos o buscadores de la sabiduría y la verdad. El Estado ideal estaría protegido así, por gente justa cuya alma se desempeñaría en sus propias funciones: pensar, razonar y vivir bien la vida. Más adelante y como cierre de una vida pródiga de creación filosófica y enseñanza, Platón -"el de anchas espaldas"- propone que esta polis debería ser regida y normada para su florecimiento, por un cuerpo de leyes. Ideas políticas que el fundador de La Academia desarrollaría en su último libro: Las Leyes.

Más adelante Cicerón

Agharta prometida

De igual manera y en otro contexto histórico, si la Agartha o Agharthi de los místicos y la cultura asiática, fuera reproducida desde su confín oculto en los Himalayas y construida piedra sobre piedra en algún lugar de la latitud profana de la superficie terrestre, haría falta la presencia de una comunidad de seres espiritualizados que hicieran posible la permanencia de ese mundo paradisíaco habitable.







Referencias:
1 La Gran Moral
2 La República

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